La soledad de una rebanada de pay de queso

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Hola. Yo soy un pay de queso.

No. Yo soy una rebanada de pay de queso.

Lo sé. Mis bordes y la forma de mis relieves lo indican.

En algún lugar del mundo hay un pay de queso sin una rebanada.

Ese pay de queso está solo. Pero no tan solo como yo, que soy una rebanada sin su pay de queso.

A mí me faltan muchas rebanadas para ser un todo.

No miento. Si te fijas bien en mis bordes, notarás que embonaría (yo) perfectamente con otras rebanadas de pay de queso, hasta formar un pay de queso circular y completo.

O podríamos hacer una onda interminable si anexáramos, respetando un patrón, rebanadas de pay de queso infinitamente. (Aunque no sería una onda infinita, porque somos perecederos).

 

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De paredes rosas (08/06/18)

Siglos atrás, a los locos se les expulsaba de las ciudades en naves sin capitán y sin rumbo, que viajaban río abajo buscando puertos ajenos donde encallar.
La tarde de ayer, durante la lluvia, «el Guante» perdió la vida al lanzarse desde un puente. Una noticia que a todos nos sorprendió, pues el Guante amaba vivir, o eso creímos siempre. La locura es incomprensible.
Hasta este momento (de la publicación), ningún parroquiano ha ofrecido encargarse de la ceremonia luctuosa. Que poca suerte tienen los locos.
Por su parte, el colectivo Rarezas hará un grafiti inspirado en la «Nave de los locos» del Bosco, con el Guante como capitán.
Final justo para un amante de la vida. Quizá el guante solo quería nadar, y pensó que la lluvia había subido el nivel del agua lo suficiente como para darse un buen chapuzón, pero no.
Descanse en Paz, el Guante.

0300

Muero de sueño. Son las tres de la tarde y no logro mantenerme despierto.
Enciendo un cigarrillo, fumo y mis ojos se cierran con voluntad propia y la realidad toma un descanso.
Todo es oscuridad y el pasado vuelve.
Te tomo nuevamente en mis brazos y te pido y ruego que no te vayas. No dices nada. El silencio se rompe cuando alguien, afuera, pasa diciendo «buenas tardes» y despierto.
Son las tres con cinco dos minutos de la tarde de hoy lunes, el cigarrillo se consume sin parar y el tiempo corre.

Bloque azul

Desde Salto al reverso:

—Ninguna ha conocido jamás mi casa, ¿qué te hace pensar en ser la primera de ellas? —le digo mientras me coloco los zapatos.

Es la quinta vez que nos vemos. Siempre un café, un paseo y un hotel. Siempre la misma cafetería, la misma ruta y el mismo hotel.

—Es simple curiosidad, aunque también es

SALTO AL REVERSO

—Ninguna ha conocido jamás mi casa, ¿qué te hace pensar en ser la primera de ellas? —le digo mientras me coloco los zapatos.

Es la quinta vez que nos vemos. Siempre un café, un paseo y un hotel. Siempre la misma cafetería, la misma ruta y el mismo hotel.

—Es simple curiosidad, aunque también es miedo —responde ella. Después pregunta—: ¿cómo sé que no eres casado o vives con alguien?

—Porque te lo he dicho: vivo solo, tuve esposa. Te respeto tanto como para mentirte.

—Sin embargo, no me invitas a tu casa aún.

Era la segunda vez que ella se lo pedía. Él sabía que no era capricho. Era consciente que podía perderla si no accedía. ¿Cuánto había perdido antes por no acceder? Él nunca había sido religioso ni supersticioso, pero últimamente el «hubiera» le venía afectando demasiado. La realidad se le distorsionaba, el pasado volvía y él lloraba…

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Edificios y cucarachas.

edificios y cucarachas

 

Los edificios y las cucarachas convivirán en el futuro. El reinado del hombre habrá acabado mucho tiempo atrás. Las nubes de radiación gobernarán los cielos y los mares serán silenciosos, porque nadie escuchará jamás sus olas.
Después de guerras y hambre, de egoísmo, moral y bombas atómicas, solamente los edificios y las cucarachas rondarán la tierra.
Serán los edificios, y no los hombres, los que enseñarán a las cucarachas a razonar, organizarse, alimentarse sanamente y a admirar la belleza por sobre todo. Será la belleza, y no el poder, lo ansiado y anhelado por todos los blatodeos que poblarán la tierra.
Las pinturas, la escultura y, por supuesto, la arquitectura serán admiradas, no habrá pantallas ni paisajes que muestren mayor belleza que ellas.
Las esculturas escucharán todo, harán mapas sonoros de su entorno; las pinturas observarán a las cucarachas maravillarse.
Los edificios tendrán conocimiento. Hablarán, escucharán y educarán a la nueva generación de seres vivientes del planeta. En ese futuro distante nacerá una sociedad donde el arte y la belleza serán eternos y las víctimas del tiempo solamente serán los efímeros insectos.

En la ardua tarea de educar, los edificios hablarán de la belleza ante apocalíptica, el arte creado por los hombres y la maravillosidad de la música.
Y con nostalgia, los pequeños edificios de nuestra ciudad, le hablarán a esculturas, a insectos, a otros edificios, al suelo y a las nubes sobre ese atardecer, cuando vos , con tu vestido celeste y tu sonrisa alegre, caminabas junto a mi, de la mano, resguardándonos bajo sus grandes paredes del sol, de la lluvia, de los hombres y de las cucarachas por igual.

Memoria del desviste (1)

1.

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Las medias nacen, como todo lo importante, de una o un conjunto de ideas. Algunas veces en la mesa de un bar, en un vehículo en movimiento, en la regadera, en el bosque o en medio de una tormenta.

Es grosero de nuestra parte olvidar felicitar a la cuarta copa que, llena de licor, ordenó las neuronas e idealizó la ruta para crear la prenda. Tampoco agradecemos a la gota número trece mil cuatrocientos noventa y tres, que cayó en la parte correcta del cuerpo, para activar la creatividad y gestar la idea.

¡Olvidamos al verdadero detonante!

Basta el maullido de un gato color negro, a la hora correcta, para que alguien dibuje una prenda, la fabrique, la coloque en un anaquel o exhibidor, sea comprada, sea utilizada, sea admirada, sea participe de un espectáculo privado, sea liberada y sea olvidada por varias noches bajo la cama.

La memoria del desviste se olvida de la prenda poco tiempo después de ser expulsada.

Ruego (1)

Te quiero regalar una flor.

Hay una señora que pasa varios días a la semana y trae cargando una canasta llena de flores sobre ella. Es un poco anciana, pero trabaja, es agradable, viene desde Berriozabal hasta aquí para vender sus flores… Pero me desvío del tema.

Te quiero regalar una flor, pero vos no tenés tiempo para mi ni para ella (la flor). Temo que de tenerla para ti se marchite y muera. La flor no es tan fuerte como mi corazón y no conoce de esperanza, como la esperanza que tengo que por fin vengas y me des tu tiempo. ¡No pido horas, mujer!, pido minutos, migajas de ti. Las necesito para no marchitarme en esta espera que me esta despedazando.
Te lo ruego, ven a regar las plantas que me muero.

Panquecitos

Desde http://saltoalreverso.com

Había un sofá, un televisor, un edificio, escaleras y muchos panquecitos. Cada que llegaba a casa, ella me preguntaba:

—¿Qué traes? —A lo que siempre le respondía:

—Te traigo panquecitos.

Jamás en la vida había visto a alguien tan feliz y tan atractiva con panquecitos en la boca. Comerlos era para ella todo un ritual.

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De paredes rosas

¿Qué pasa cuando el aleteo de una mariposa no cambia nada?
Pasa todo, menos la mariposa.

La mañana de ayer fue espectacular y abrumadora. Cientos de mariposas blancas y amarillas invadieron el pueblo. Millones de aleteos que cambiaron el destino del mundo, barajando el azar y las consecuencias de todas las civilizaciones desde un pequeño pueblo mexicano.

Todas las historias de amor que terminaran, todas las armas por disparar y todos los besos que están por darse en este mundo, serán posible gracias a los cientos de lepidópteros que ayer llenaron el cielo de zumbidos y de sombras.

La mañana de ayer fue hermosa y abrumadora. Las mariposas, así como las paredes rosas, son señales que advierten que el horror y la belleza llegarán.
Leonardo Covarrubias.

Las paredes rosas-Ig

 

Marianita

Desde Salto al reverso

SALTO AL REVERSO

Muy de mañana iría a la central de abastos, rompería la dieta con unos tacos del «Súper campeón», compraría la materia prima para preparar los pastelillos de la cafetería y volvería a casa antes de las ocho de la mañana.

Para entrar a casa, mañana, saltaría la cerca, después dejaría las bolsas de las compras en la mesa del patio e intentaría trepar el árbol gigante de tamarindo como lo hacía en su infancia. Hacía tanto tiempo desde la última vez que intentó subir, así que dudaba si después del primer salto tendría la fuerza y el valor de llegar hasta la copa.

Esa duda la invadió y creció dentro de ella. Comenzó a experimentar el nudo en la garganta que siente el desesperanzado. Poco a poco todos los planes para mañana desaparecieron. Sabía que al día siguiente otra vez sería lo mismo: esperar a que Octavio regrese con las…

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