El catre

Había una vez, un catre que quería ser cama. Pujaba y pujaba pero no crecía, se estiraba con todas sus fuerzas y nada. meditaba pero no crecía.  Intentaba mil maneras para poder crecer, mil métodos… pero al final: nada.

Un día, dos enamorados figuraron frente a el. Abrazados y convertidos en uno, llegaron, se sentaron, se amaron, se acostaron, se amarraron, se separaron, se golpearon y se volvieron a unificar.

Ese día y esa noche, el catre sufrió ruido, humedades, gemidos, golpes, patadas voladoras, amarres, dolores, salivaciones, oraciones, insultos,oscuridades y obscenidades. El catre lloraba, chirriaba, pero ninguno de los amantes le hacía caso; al contrario, parecía que sus llantos enardecían a la pareja que subía el ritmo de sus batallas al compás del retorcer de sus partes. De ellos y del catre..

Cuando la luz de la mañana acabo con la batalla, los amantes se abrazaron y así durmieron. Desnudos.

El catre agradeció. No al día pacificador, si no a la noche bélica. de sus tantos años de existencia, jamás se había sentido tan victorioso, como la noche en que el amor de dos humanos le hicieron sentirse cama

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