Alegoría de una visita.

sistema ferroviario transportador macro micro cósmico

 

Si tu cara fuese una pequeña casa, de esas que dibujan los niños de preescolar, y tu dulce boca figurase mi puerta de entrada al cielo de tus pensamientos…

Y si tus ojos, tragaluces invertidos de irradiante luz,  motores míos, siempre día en el dentro de tu rostro habitación-vivienda…

Si los dos orificios nasales tuyos, fuesen chimeneas siempre encendidas, Sensación de vida, parte de un sistema ferroviario transportador a las sábanas de tu cama, dentro de tu boca y sobre tu piel también. Inhalas-Exhalas. Me transportas arriba-adentro. A observarte-habitarte. Y el cigarrillo que me quema la piel me regresa a la cama…

Y si tus lunares, mini ventanas, en las que se asomarían todos los gatos que te habitan por dentro, quienes jugasen conmigo (uno se llamase Eros, los demás no importarían). Me cazarían, me arrullarían, te ronronearíamos…

Y yo, visitante-merodeador-agrónomo, y voyeurista de tu rostro habitación-vivienda, con mi lupa astrolabica, buscando siempre puertas invisibles para entrar en ti. Para jugar con los gatos, para cegarme de la luz de tus ojos, y beber té y beberte mientras te cuento sobre mi día frente a la chimenea que te da vida con su constante inhalar-exhalar, y platicar acerca de la falta que me haces cuando no estamos acostados en la cama o cuando no te visito por dentro.

Y yo turista. Turista-explorador e inventor loco que, a modo de conquista (¡porque conquistador también soy!), invento realidades en donde la tierra en la que habito sos vos. La cama; el universo en el que convergemos. Macrocósmica y microcósmicamente para ser: realidad e invento, exterior e interior a la vez. Sin mover más que nuestras bocas.

Invente sistema ferroviario macro-micro-cósmico, como método de viaje imposible de realizarse sin traje especial, sin vehículo especial. Una rueda de la fortuna que traspasa las entrañas y atraviesa cavidades atómicas, que permite explorar lo inexplorado. Caminar por tus venas y tus arterias como si de baldosas rojas se tratasen. Descubrir los dos soles que nacen en tus ojos y calentarme con ellos. Tomar té y platicar con tus gatos y tus seres internos…

En otras noches, subirte a mi locomotora y llevarte conmigo a la parte más alta de esta rueda de la fortuna. Subir más. Jugar a las carreras en los anillos de Saturno y dejarte ganar. Señalar una estrella y pasear allí. Beber cerveza en la Nube G34.3 y descubrir notas musicales al unir estrellas. Hacer una fiesta en el cielo y retumbar tambores para conversar con alienígenas.

Pero siempre, regresar a la cama en que habitamos. Para verte adormecida y recitarte cuentos en los cuales tu y yo realizamos un sinfín de aventuras. Siempre de la mano. Siempre a tu lado.

 

 

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