De Zinnias flores.

zinnHoy descubrí que existe una flor que suena a ti, que ha florecido en el espacio y que se asemeja a la gerbera. Que las hay rosas, purpuras, rojas, blancas y amarilllas.

A ellas, los floricultores las prefieren, porque se conserva casi un mes, después de ser cortadas, y eso es mucho, en tiempo flores.

Descubro y leo. Me doy cuenta que las semejanzas van más allá del nombre.

Existen más de setenta, y quizá a cada una de ellas te parezcas. Hay Elegans,  como tú en vestido; Anomalas, como muchas de nuestras noches de alcoholes; Hybridas, tal cual tus ideas; y las hay (entre otras) marítimas, como catorce de agosto entre olas y adioses.

Si siguiera leyendo, me daría cuenta que hay más literatura sobre estas flores que acerca de tu persona. Podría fascinarme con  tratados de ellas, y ser un lector floricultor experto en flores con hojas opuestas, sésiles y aovadas. Y terminar en monumentales bibliotecas y extensos jardines llenos de color y aroma. Con sus bailes de luces y sombras, y sus tantos bichos  con sus orgiásticas danzas y fiestas de polen. Y los solitarios colibríes que me observarían mientras estudiara flores (les imagino, a los colibríes, queriéndome hablar, porque entre ellos no se hablarían, porque yo les sería interesante como las flores me serían a mi)

Y pudiese seguir buscando pero, ni con toda la ciencia y la historia de mi lado, podría una Zinnia pronunciar mi nombre, y es, en ese descubrimiento, donde (tu) sigues siéndome favorita de entre muchas de todas las flores.

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