Texto rosa: La casa de retiro

El domingo fui por segunda vez en mi vida a la casa que Claudia y su marido levantaron para su vejez. Se localiza en medio del rancho que le heredaron mis abuelos, que fuera parte del rancho La Selva, que fuera anteriormente parte del rancho Corral Viejo. La casa, de dos pisos y con la mitad en obra negra, se sitúa sobre una colina, frente a un riachuelo, con muchos árboles y sembradíos de maíz alrededor. Lo más impresionante que tiene la casa es que está bajo un gran árbol de sonzapote que da una sombra que llena parte de la casa y todo el patio

En la casa se encuentran jaulas vacías que antes tuvieron chinchillas. También hay un gallinero y un chiquero abandonado. Es una vivienda con grandes ventanales, piso de tierra y paredes sin repellar. Para acceder se saltan piedras y para subir a ella no hay gradas. Es necesario subir a paso firme, no sea que la tierra se afloje.

Según los planes de ella, antes de llegar a la tercera edad, se iría a vivir allí con su marido. Tendrían gallinas, vacas, cerdos, maíz, frijol, sorgo, flores, noches estrelladas, luciérnagas, tequila y retiro. La casa representaba el descanso junto al ser amado después de años de trabajo y friega. La verdad, se antoja el sueño. Claro, yo prefiero vivir con conexión a internet, pero para Claudia ese lugar ya lo tenía todo. Y es que, además, estaba construida sobre la que fuera, muchos años antes de que ella naciera, la casa de sus padres.

La primera vez que fui, fue con toda mi familia paterna. Aquel lejano fin de semana llevamos alcohol, bombones, carnes para asar y un telescopio. Contamos estrellas y cazamos luciérnagas. Recordamos las veces que fuimos al rancho con el abuelo y nos bañábamos en las «presitas» que él nos hacía con costales de arena. en la incomodidad del baño y en lo bien que se siente estar con la familia.

Esta segunda ocasión, fue para dejarle flores a Claudita, quien fue asesinada por su esposo, el que la amaba tanto que la dejó agonizando después de golpearla salvajemente. 

Por cierto, en una de las ventanas había una medalla de San Benito, para alejar a los demonios, ¡qué lástima que no la llevaba esa noche consigo!, quizás la hubiera alejado de su amado asesino.

#justiciaparaclaudiamatilde #méxicofeminicida

Cucarachas en la caja

En el principio fue terrorífico. La caja de madera que antes albergaba tomates y después guardaba ropa y trapos viejos, se había convertido en una cuna de cucarachas.

Yo solamente quería un suéter para este frío, así que bajé del ropero la caja de madera y ahí estaban. Tantos ojos viéndome y tantas antenas señalándome evitaron que salieran gritos de mi boca. Estaba aterrado y sin embargo, no tenía nada de ganas de correr por el insecticida y acabar con ellas. 

Fueron necesarios menos de cinco minutos de vernos a los ojos (y antenas) para que hiciéramos las paces. Ellas llevaban seis meses en la caja (después me lo dijeron) y era la primera vez, pero no la última, que nos encontrábamos sin temernos. A veces les dejo pan o caramelos y ellas no han vuelto a subir a mi mesa.

Pizzería

Terminar un romance en un domino’s pizza es lo peor que puedes hacer en el mundo. También aplica para cualquier otra franquicia, un poco perdonable si eres alérgico al gluten, pero aun así es nefasto. Dar por acabada una historia de amor en ese lugar es no saber valorar los finales. Si bien una despedida no necesita fuegos de artificio, es necesario un lugar que no invite más que al romance, a la nostalgia o a ambas.

En este tipo de pizzerías se pueden dar escenarios tan distintos al que se busca, que harían parecer la despedida como una broma de mal gusto. Ver correr a los niños y a las niñas y escuchar las discusiones de sus padres, no son parte de la ambientación ideal para algo tan serio como terminar un romance. Es más, lo único a tomar en serio en un romance es el inicio y el final. Lo demás debe fluir como mar. Si una balsa llega a buena tierra o no, dependerá de la corriente, aun cuando los tripulantes remen en su contra. Entonces, el subir y bajar de la balsa son las dos decisiones que se deben meditar. Así como iniciar y finalizar un romance.

De algo estoy seguro: un romance que termina en un lugar con tanta iluminación nunca fue bien valorado. ¿Cuántas canciones de desamor podrían nacer ahí?, ¿cuántos tangos y cuántas rancheras nos perderíamos si esto se volviera una costumbre o una moda?

«Ya no quiero nada contigo, ni hijos, ni pizza, ni cuenta de netflix compartida» dirá ella y allí quedará todo. Se esfumará y tres rebanadas de pizza irán directo a los ratones porque, en un momento como ese: ¿Quién tiene hambre cuando el corazón se ha roto?

Del veinticinco de mayo de dos mil diecinueve.

Doscientos treinta y nueve años antes de esta era, había chinos maravillándose ante el espectáculo de ver pasar al fantástico cometa Halley. Muchos años después, en mil novecientos sesenta y uno, el presidente (de los Estados Unidos de América) Kennedy, anunciaba al mundo el inicio del programa Apolo, que llevaría al ser humano a la luna. Por último, en mil novecientos setenta y siete, parte de la humanidad pudo ver como en una galaxia muy muy lejana una minoría se rebelaba contra un Imperio.
El asombro del espacio y sus movimientos, el primer alunizaje, y la imaginación creadora de lugares muy muy lejanos, fueron maravillosas consecuencias de estos tres acontecimientos importantísimos para el entendimiento del espacio y del lugar en donde podemos estar. Pero eso sí, siempre en el ahora.
Al día de hoy, solamente en el reino de imaginación se había logrado atravesar la barrera del tiempo. Por más que se intentara antes, nadie nunca pudo regresar o adelantarse en el tiempo y volver al presente. Excelentes series y libros, incluso pinturas, nos han propuesto métodos para desplazarnos al antes o al después, pero han sido ineficientes en la práctica, hasta ahora.
El veinticinco de mayo del dos mil diecinueve, fui testigo de un auténtico viaje en el tiempo. No fue necesario artefacto científico alguno, ni jacuzzi, ni caseta telefónica, solamente se le pidió amablemente a la mente que acomodara las partículas de taquiones, con el objetivo de poder desplazarse armónicamente a la fecha requerida.
No puedo probarles nada acerca de lo anterior, más que mi palabra de ficciólogo y esta fotografía tomada justo después de regresar al 2019.
Espero un día, ustedes y yo, podamos decir a nuestros amigos “nos vemos en el noventa y nueve”, y regresar para cenar a este año.

Desde “al lado del camino”

 Los buenos enemigos debemos ser corteses entre nosotros y ante todo. Mucho más que entre amigos, porque los amigos se tienen cariño pero los (buenos) enemigos estamos obligados a tenernos respeto. Respeto desde alguien que está a tu altura, que piensa diferente y que buscará la manera de vencerte.
Claro, hablo de los buenos enemigos, que son los que cuentan. Porque podrías decirme que también hay malos enemigos pero, déjame aclarar: ¡Los malos enemigos no son enemigos!, sino niños que mean en sus calzones y buscan pelea con el mundo que los observa. Al enemigo hay que tenerlo cerca y abrazarlo ( y abrasarlo también).

Distintos métodos para observar a Marte

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Foto intervenida.

Entonces ni vos ni yo habíamos nacido, pero el universo ya sabía dos cosas: que yo no podría dibujar bien y que tú traerías la imagen del firmamento en tu rostro.

Era 1972, los humanos querían ver  Marte y aún no eran conscientes de los caprichos del cielo.

Años antes, los científicos construyeron telescopios de diversos tamaños, los colocaron en islas y desiertos alejados de las grandes ciudades. Observaban, estudiaban, hacían teorías y aunque conseguían montañas de información, los datos que recababan no eran suficientes. Querían más y sabían que la respuesta estaba afuera. Entonces el cielo se llenó de cohetes.

También hubo, en tiempos ancestrales,  quienes con los dedos dibujaban héroes y bestias celestes que desde arriba, daban sentido al destino de todos los habitantes de la tierra. Ellos eran los primeros dioses de la noche, pero poco a poco fueron siendo olvidados. La ciencia ganaba rápidamente terreno y, debido a ello, poco a poco perdíamos el gusto a romantizar las estrellas.

Llegó el cuatro de febrero, era 1972 y una sonda espacial mandaba algunas de las primeras fotos de Marte. Los científicos estaban alegres pero no era suficiente. La ciencia nunca se conforma y pide y pide más.

Entonces era imposible saber que había otros métodos de observar las estrellas.

Años después, en el milenio siguiente, un científico griego descubrió que a horas determinadas se podían observar Urano y Marte en un pequeño rostro mexicano. La simetría y escala eran perfectas. Con luz solar, parecían tener sombra propia.

Un verdadero misterio, ¿pero qué rostro no lo es?

 Se ayudó de una lupa para acercarse a Marte. Se maravilló de lo lindo. Después de una hora observando, vio que por el horizonte se asomaron Fobos y Deimos. El lunar no era lunar, sino una representación a escala del planeta rojo. Un universo de probabilidades se abría paso desde las mejillas de una mujer hispanoamericana, y el científico no podía esperar más.

Con el microscopio se acercó tanto a Marte que el lente se empañaba. Recorrió los ojos, la nariz, las dos mejillas. Encontró que no estábamos tan equivocados, que el universo era inmenso sin importar de donde lo encontrabas. Hasta veían el reflejo del sol en verano. Cada lunar de su cara era una estrella, y cada estrella una declaración de exploración.

Luzia

La noche del 02 de septiembre de 2018, se incendió un museo muy importante de la ciudad de Río de Janeiro. Cuando supe la noticia me acordé de la Abadía del libro “El nombre de la rosa”.

En @lasparedesrosas compartí este pequeño texto:

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Fotografía cortesía de Rocío Solís.

Al menos que alguien lo cuente, los museos y las catedrales solo se incendiarán una vez.

Hace días Luzia se fue para siempre. Llegó un cometa por ella. Me abandonó vestida de flores rojas y luciérnagas amarillas. Se llevó consigo canciones de cuna, fogatas de luz de luna y constelaciones que jamás volverán a ser señaladas.
Se fue a descansar con el Dios Venado, el Dios Jaguar y el Dios Primer Hombre.
Consigo también se fueron las primeras historias de amor de las américas, cielos rojos y azules que nunca volverán porque se fueron en sus ojos, pinturas y partituras, lanzas de guerreros y armas punzocortantes usadas para derrotar tiranos.
Los últimos años no me dirigió ninguna palabra. Sabia que algún día se iría para siempre y así fue.
Se largó sin despedirse. Se llevó todo en una parafernalia de luz y fuego, de hierro derretido y vidrios explotantes.
Sin embargo, me gusta creer que Luzia se fue a un lago en el cielo, para poder volver a ser carne.

Fotografía cortesía de Rocío Solís, en el museo de arte Contemporáneo de la Ciudad de México, exposición temporal de Leonora Carrington.

comparto el link de la página de Facebook:

@lasparedesrosas

 

De paredes rosas (08/06/18)

Siglos atrás, a los locos se les expulsaba de las ciudades en naves sin capitán y sin rumbo, que viajaban río abajo buscando puertos ajenos donde encallar.
La tarde de ayer, durante la lluvia, «el Guante» perdió la vida al lanzarse desde un puente. Una noticia que a todos nos sorprendió, pues el Guante amaba vivir, o eso creímos siempre. La locura es incomprensible.
Hasta este momento (de la publicación), ningún parroquiano ha ofrecido encargarse de la ceremonia luctuosa. Que poca suerte tienen los locos.
Por su parte, el colectivo Rarezas hará un grafiti inspirado en la «Nave de los locos» del Bosco, con el Guante como capitán.
Final justo para un amante de la vida. Quizá el guante solo quería nadar, y pensó que la lluvia había subido el nivel del agua lo suficiente como para darse un buen chapuzón, pero no.
Descanse en Paz, el Guante.

Panquecitos

Desde http://saltoalreverso.com

Había un sofá, un televisor, un edificio, escaleras y muchos panquecitos. Cada que llegaba a casa, ella me preguntaba:

—¿Qué traes? —A lo que siempre le respondía:

—Te traigo panquecitos.

Jamás en la vida había visto a alguien tan feliz y tan atractiva con panquecitos en la boca. Comerlos era para ella todo un ritual.

CONTINUAR EN: Panquecitos

De paredes rosas

¿Qué pasa cuando el aleteo de una mariposa no cambia nada?
Pasa todo, menos la mariposa.

La mañana de ayer fue espectacular y abrumadora. Cientos de mariposas blancas y amarillas invadieron el pueblo. Millones de aleteos que cambiaron el destino del mundo, barajando el azar y las consecuencias de todas las civilizaciones desde un pequeño pueblo mexicano.

Todas las historias de amor que terminaran, todas las armas por disparar y todos los besos que están por darse en este mundo, serán posible gracias a los cientos de lepidópteros que ayer llenaron el cielo de zumbidos y de sombras.

La mañana de ayer fue hermosa y abrumadora. Las mariposas, así como las paredes rosas, son señales que advierten que el horror y la belleza llegarán.
Leonardo Covarrubias.

Las paredes rosas-Ig