Café de las ocho

(Desde Salto al reverso)

Son las ocho de la noche y me he dado cuenta que la taza sucia del café de la mañana sigue en la mesa. Sé que es la misma taza pues nadie ha venido hoy a verme y tampoco amanecí acompañado. A primera vista, pareciera que han vuelto a servir lo que parece un capuchino, pero nadie más que yo está aquí y sé que no he sido yo. Viéndolo de cerca, eso ya no parece ser espuma.

Con mi bolígrafo azul, toco desde lo alto lo que ahora creo que es algodón blanco. Pero tampoco es algodón. ¿Moho?, no, no es eso. Es algo menos denso y más liviano. Me acerco más. Parecen nubes abultadas que cubren por completo el recipiente. Agito un poco y observo una pequeña montaña elevada, con su punta nevada y su falda verde. Calculo que hay más de quinientos árboles maderables dentro de mi taza, y sonrío hacía dentro al pensar que no podría hacer ni siquiera un palillo con todos ellos. Estoy asombrado. Las nubes (¿nubes?), ahora oscuras, se amontonan en los bordes de la taza, ocultando así la parte trasera de la montaña nevada y evitando que yo pueda ver qué hay detrás. Todo parece un sueño. Son las ocho de la noche, en esta ciudad la temperatura es de  treinta y tres grados a la sombra y dentro de mi taza de café llueve. La lluvia golpea el verde valle, baña los árboles y derrite la nieve. La montaña poco a poco se deshace y la taza ya casi ésta llena de líquido nuevamente. Las nubes se precipitan rápidamente, quedan menos de cincuenta árboles y un tercio de montaña. Hay relámpagos y diluvio.

Delante de mis ojos asombrados aparecen de entre los árboles y la montaña, una familia de cavernícolas que se abrazan ante el ahogamiento inminente. La lluvia cesa, todo desaparece y en la taza reina la normalidad nuevamente.

Café o vino para follar.

CARAJILLO

¿Te acuerdas de aquel día, Ataviada con metales en la cabeza, ropajes raros y coloridos, con zapatos sucios por culpa de los charcos y tus saltos de alegría porque ya terminaba el día? ¿Te acuerdas? no querías beber café, sino vino. Te dije que la noche era para café, que no había ningún motivo para tomar vino (o cualquier licor) si no íbamos a terminar follando. ¿Tampoco de eso te acuerdas?. Recuerdo que te ofendiste. Acuérdate, no han pasado ni dos años. Esa noche yo bebí café y tu vino. Esa noche yo quería follar contigo. Y tú, bueno, nunca te lo pregunté, ni te lo preguntaré. ¿Querías? maybe si, quizás no. Rememoro esa noche. Recuerdo que después de los pocos minutos de platica nos quedamos mudos, compartíamos sonrisas por sobre los celulares (Como lo hacían nuestros padres al conversar y leer los periódicos al mismo tiempo); y así paso el resto del rato, hasta que llegó la hora de marcharnos. Yo a oriente, tu a poniente. Recuerdo que no hacía tanto frío como hoy, y que toda la tarde estuvieron cantando las palomas en el cable frente a mi edificio. Creo que esa noche hice el chiste de los elefantes, en ese tiempo otra vez no fumaba. Pensé ese día en invitarte a jugar scrabble y soñé despierto con que tu nombre apareciera en mis siete letras pero, en cambio, me salió tres veces la letra a. Tres estúpidas a que me hubiesen servido para una Amalia, si la hubiese querido tener enfrente. Quizá esta noche te invite una copa de vino o un café. O un tequila, o un vaso con agua, o posh, o jugo de naranja, o lo que quieras, siempre que aceptes follar conmigo.

 

Compartir.

2018-01-16 16.26.30

 

Compartíamos todo: la cama, el árbol del patio, la moto, los miedos, la Santísima Trinidad, la virgen, los libros y las tardes de Domingo.
También compartíamos a los amigos, las películas, el gato, la contraseña del Internet y, algunas veces, el lado de la cama.
En ocasiones yo no quería, pero también le daba de mis cigarrillos. Y los orgasmos, ¡Dios!, compartíamos fluidos y gritos.
Compartíamos todo, menos el café.
Para el café, cada quien tenía su taza y su propia dosis de azúcar. Yo amargo, ella dulce. A veces compartíamos el pan pero siempre compartíamos los besos, que siempre eran dulces.

Citas Scrabble.

2018-01-15 19.01.32
wao.

No hay cita que dure cien años, ni amor que lo sostenga.

Me gustan las citas. Y me gustan más las citas que son como el scrabble, en las que lo único constante es la incertidumbre del que vendrá.

En lo particular, para salir con una persona por primera vez, prefiero un bar, café o restaurante al que ninguno haya ido (o haya ido poco, esta ciudad es pequeña), así ambos estamos sin zona segura, y permite mostrar el verdadero yo.

Entonces, teniendo de tablero un establecimiento desconocido, tenemos que escoger las letras a usar, vestirse con las mejores palabras, armar un buen juego y superponer las frases correctas para lograr ganar la noche.

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