Memoria del desviste (2)

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Carta I

Es tan injusto que preguntes si pienso en ti. Es muy grosero de tu parte. Aún recuerdo aquel vestido de lunares cayendo al suelo, desnudando tus pechos y dejándote con la luz de tu alcoba iluminándote sin bragas.

Es agresivo que creas que te he olvidado. Al calendario no le he quitado ninguna hoja desde que te fuiste, aquí sigue siendo veintiuno de febrero. La cama huele a ti y la cocina todavía tiene la mancha que dejaste.

Si tan solo yo no te hubiera desvestido nunca, hoy sería feliz. Hoy sería un día cualquiera y no el trescientos cuatro desde tu partida. La memoria del desviste me atormenta. Muero, muero y vuelvo a morir muchas veces más cada que te veo pasar vestida en alguna avenida.

Mudanzas

Colocaré, cuantas veces así lo quiera, flores sobre el tanque de váter.

Seguiré dejando relatos y cartas con nuestra clave secreta bien oculta.

Aún dormiré abrazando la almohada que te representa y, quizá, algunas noches, todavía te llore ríos con relámpagos y lluvia dentro de la habitación.

El librero seguirá igual: Siempre será mudo. Jamás hablará de ti, ni de mí, ni del espacio que tuvimos juntos.

¿Cómo sabrás entonces cuándo  te haya olvidado?

Fácil: Léeme y búscate en mis letras. Cuando no te encuentres, sabrás que te has ido.

De paredes rosas (08/06/18)

Siglos atrás, a los locos se les expulsaba de las ciudades en naves sin capitán y sin rumbo, que viajaban río abajo buscando puertos ajenos donde encallar.
La tarde de ayer, durante la lluvia, «el Guante» perdió la vida al lanzarse desde un puente. Una noticia que a todos nos sorprendió, pues el Guante amaba vivir, o eso creímos siempre. La locura es incomprensible.
Hasta este momento (de la publicación), ningún parroquiano ha ofrecido encargarse de la ceremonia luctuosa. Que poca suerte tienen los locos.
Por su parte, el colectivo Rarezas hará un grafiti inspirado en la «Nave de los locos» del Bosco, con el Guante como capitán.
Final justo para un amante de la vida. Quizá el guante solo quería nadar, y pensó que la lluvia había subido el nivel del agua lo suficiente como para darse un buen chapuzón, pero no.
Descanse en Paz, el Guante.

Cigarrillo 999

 

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primer cigarrillo del día.

Últimamente estoy fumando mucho.
Pareciera que con cada calada te exorcizara de mi mente.
El fuego purificador te extingue de mi, y me preocupa.
Siento que hacen falta más de mil cigarrillos para borrarte por completo.
Mil cigarrillos en una noche, porque la mañana te trae entera a mi.
Cada despertar es un reconteo. A primera hora, con el primer parpadeo llegas tu. Toda tu. Completa tu.
Desde el lunar de tu meñique izquierdo hasta la mueca que haces cuando te enojas.
Es una fabrica del olvido. Un reloj en reversa.
Es incendiar el templo y rasgar el manto sagrado, el alma débil,  bombardear los lagrimales y evitar que la lluvia apague el fuego.
Con todo, con forme los cigarrillos se acaban, se muere también el valor y la convicción de dejarte atrás. Duele la garganta y los labios. Mucho más los labios.
Lo peor es saber que en el cigarrillo nueve-nueve -nueve, en su última calada y a las cinco de la mañana, desistir y recordar.